Desde una perspectiva neurobiológica, el movimiento no es únicamente el resultado del aprendizaje; también es una de sus principales herramientas.
Cuando un niño intenta alcanzar un juguete, mantener el equilibrio o dar sus primeros pasos, su cerebro está recopilando información constantemente:
• ¿Qué músculos necesito activar?
• ¿Cuánta fuerza debo utilizar?
• ¿Qué ocurre si cambio mi postura?
• ¿Qué sucede si me equivoco?
Cada intento genera información valiosa para el sistema nervioso.
Por eso, el aprendizaje motor no ocurre cuando realizamos un movimiento perfecto, sino cuando exploramos diferentes soluciones para resolver un problema.
