Durante mucho tiempo se pensó que repetir un movimiento una y otra vez era suficiente para generar aprendizaje.
Hoy sabemos que la calidad de la práctica también importa.
El cerebro aprende mejor cuando:
• La tarea tiene significado.
• Existe un objetivo claro.
• Hay participación activa.
• Se permite la exploración.
• El desafío es adecuado al nivel de la persona.
No se trata únicamente de hacer más repeticiones.
Se trata de generar experiencias que obliguen al sistema nervioso a resolver problemas y adaptarse.
